Llorar con los que lloran

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Llorar con los que lloran

Testimonio del pastor Maikel Milán, Coordinador Provincial del Consejo de Iglesias de Cuba en Las Tunas, tras su visita  a los territorios afectados por el Huracán Matthew.

Llegué hace un rato a Las Tunas, gracias a Dios, después de 12 horas de viaje de regreso junto a varios pastores de aquí.

Estoy en mi cuarto por fin, llorando en el silencio. Creí que no iba a aguantar y que se me saldrían las lágrimas en público. Ahora por fin puedo llorar por mis hermanos que lo han perdido todo.

Por tres días estuvimos acompañando a nuestros hermanos de Imías, Baracoa y Maisí, donde pudimos entregar a más de 150 familias con módulos de alimentos y aseo para un mes, ropa, zapatos y otros enseres. Creo que la ayuda que llevamos se multiplicó. El transporte en Maisí tuvo problemas y no pudimos avanzar mucho porque llovía y los ríos crecieron, pero aún bajo la lluvia y sin fluido eléctrico los hermanos salieron a dar el aviso de que estábamos allí, y pudieron descargarse las cosas. Conocí a un hombre que está durmiendo con su hijita de brazos en el baño, pues fue lo único que le quedó.

Historias como estas pudieran escribir libros, pero, y nosotros, se hablará de nosotros? De cómo ayudamos?

A veces decimos con ligereza que lo que podemos dar es nada, comparado con las necesidades, pero entonces pensemos qué haríamos si estuviéramos en esa situación, si no tuviéramos donde sentarnos o que comer con la mano y en la mano, o una sola muda d ropa, o que todos los útiles escolares d nuestros hijos se perdieran, que no tuviéramos donde tener secos nuestros niños mientras llueve, ni donde acostarlos o poner un nylon porque esta empapado el colchón, con el muchachito asmático o diabético… Qué haríamos si en nuestro patio ya no estuvieran nuestros bananos ni la mata de cacao, café o coco y el único adorno fueran televisores, refrigeradores, colchones y muebles rotos? Que haríamos si pasando por tu casa un ciclón te deja vivo y te lleva todo?

Es mejor no hablar o pensar con ligereza, pues son situaciones muy duras. Ahora lo que nos queda es unirnos a este movimiento de amor al prójimo y compartir lo que tenemos. No importa si ya dimos, trabajemos y demos más. Lloremos con los que lloran, para un día regresar a Baracoa, Imías, Maisí y gozarnos con ellos.

Hoy es el día en que Dios está probando la fe de ellos y el amor de nosotros… estamos viviendo días en que podremos definir quién es y quién no es. Pronto convocaremos a una reunión en Las Tunas, para unirnos como Una sola iglesia, para entender que una libra de arroz o una camisa aunque no resuelve el problema ¡es esperanza!

Confiamos en respuestas grandes de amor… el que quiera dar esperanza, diga amén!

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