Noticias

Mesa CLAI-Cuba

Se reúne Mesa CLAI-Cuba, en la sede del Consejo de Iglesias de Cuba, en La Habana.

El Consejo de Iglesias de Cuba fue sede de la reunión de la Mesa CLAI Cuba, organismo representante del Consejo Latinoamericano de Iglesias en el país, con la presencia de líderes de iglesias, instituciones y movimientos ecuménicos.

En la cita se reflexionó sobre el quehacer ecuménico nacional, regional y continental de este organismo y la necesidad de reafirmarlo como el espacio ecuménico de las iglesias en nuestra área geográfica.

Se visualizaron desafíos e identidad actuales del CLAI y se analizaron posibles estrategias para afrontar estos desafíos en nuestro país.

“El evangelio en marcha” 25 Aniversario

El equipo del programa “El evangelio en Marcha”, llegó como siempre, con su alegría a cuestas, a celebrar un nuevo aniversario. Junto a la Oficina de Comunicaciones del Consejo de Iglesias de Cuba, CIC, estos radialistas, equipo de realización del único programa de temática cristiana en el país, se dispusieron a celebrar los 25 años de este empeño comunicativo, que se concibe en conjunto desde el CIC y la Casa Radial CMBF, Radio Musical Nacional.

En estas dos décadas y cinco años, muchas han sido las historias y los lazos de fraternidad que unen como una familia a ambas instituciones. También muchos los afectos recibidos de parte de la población agradecida que en la isla recibe esta propuesta.

Marisol Díaz, directora y Leida Lombard, asesora del programa, así como su realizador de sonidos, Luis Marchán y sus locutores Reinier Riera y Aymara Cepeda –esta última miembro del equipo de comunicaciones del CIC– bien conocen de cerca los privilegios de llevar a la radio-audiencia nacional un programa que difunda el quehacer del Consejo de Iglesias de Cuba y extienda la palabra de Dios y la propuesta ética y moral del evangelio de Jesús y el Reino proclamado en las escrituras.

Es por ello que aunque todos reconocen que el punto débil del programa es su demorada frecuencia mensual, también apuestan por el espacio y su importancia dentro del panorama cultural de la nación, conformada también desde la espiritualidad de nuestro pueblo.

Este 2018, “El evangelio en marcha” cumple 25 años desde que saliera por primera vez al aire bajo la responsabilidad del CIC, en las cabinas de Radio Progreso en abril de 1993. En sus frecuencias sonoras se han escuchado las voces del movimiento ecuménico cubano y la familia de la fe cristiana del país. No en vano la alegría y las ganas de sonreír se adueñan siempre de este equipo cada primer domingo de mes, a las 8 de la mañana y las 10 de la noche.

25 años Evangelio en Marcha

Por primera vez en Cuba Mesa Redonda de Intercambio de Sociedades Bíblicas Unidas

Cuba acoge por primera vez la Mesa Redonda de Intercambio de Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) y a más de 200 participantes, quienes representan a las 146 Sociedades Bíblicas que existen en todo el mundo.

A pocos meses de que la Comisión Bíblica del Consejo de Iglesias de Cuba distribuyera la biblia número un millón  —provista a través de la campaña quinquenal “Un millón de Biblias para Cuba—, se desarrolla en nuestro país, por primera vez, la Mesa Redonda de Intercambio Ministerial de Sociedades Bíblicas Unidas (SBU).

El encuentro, que comenzó el pasado 4 de junio y se extenderá hasta 8 de este mes, acogerá a más de 200 participantes, quienes representan a las 146 Sociedades Bíblicas que existen en todo el mundo.

Michel Perreau, Director General de las Sociedades  Bíblicas Unidas, explicó en conferencia de prensa que este evento mundial se realiza anualmente con los objetivos de unir más a la fraternidad, de compartir experiencias y proyectos realizados indistintamente o en conjunto, así como de escucharse los unos a los otros e identificar los retos a enfrentar.

«Este también es un momento de celebración, sobre todo en Cuba, donde la palabra de Dios alcanza cada día a más personas. Hay un florecimiento apreciable en esta nación y en parte tiene que ver el ADN espiritual que se ha fomentado», apuntó.

Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, significó la importancia de la enseñanza a gran escala de la palabra de Dios en Cuba, durante una gala antesala de la Mesa Redonda,  desarrollada en el Teatro Martí para dar cierre oficial al proyecto “Un millón de biblias para Cuba”, el que comenzó en 2013 con la colaboración de 16 países.

Este proyecto, según Antonio Santana, Presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, es el principio de muchos otros proyectos encaminados a masificar el conocimiento de la Biblia y el comienzo de una nueva etapa de distribución de un millón más.

En la conferencia de Prensa se destacó la labor desarrollada en la Isla y se definió como un ejemplo a nivel mundial en cuanto a trabajo comunitario y unión de las distintas denominaciones religiosas.

Desde la década del 60 del pasado siglo han entrado al país millones de biblias y otros textos bíblicos, para el servicio del pueblo cubano.

Con información de Juventud Rebelde

Un millón de Biblias en Cuba

Día del Pentecostés

Con una oración por Cuba, reclamando fuerzas para la nación luego de sufrir las pérdidas de varios de sus hijos en el accidente aéreo del pasado día 18, se recordó el día de Pentecostés en todo el país, este domingo 20 de mayo.

El Espíritu Santo que vino sobre los discípulos, iniciando una nueva etapa en la vida de la iglesia y la humanidad, estuvo también presente en los diferentes cultos desarrollados en el país este domingo. La mayoría de ellos pidiendo por la unidad del pueblo, la solidaridad y la hermandad en este momento difícil.

La misma iglesia que enfrentara a lo largo de los siglos momentos difíciles y dolorosos como fue ver a sus apóstoles sufrir el Martirio sin excepción alguna, las persecuciones por causa de la fe, la lucha contra imperios y hegemonías, volvió a reunirse en favor de los crucificados y los sufridos.

“La Iglesia Hoy, a pesar de todo y contra toda esperanza, sigue en el Mundo amando y testificando. Sembrando, derribando muros y construyendo puentes, deshaciendo la muerte y proclamando la vida”. Fueron algunas de las palabras escuchadas en las liturgias dominicales de este Domingo de Pentecostés.

En los mensajes compartidos por la fecha del calendario litúrgico trascendió que “después de 20 siglos, la iglesia sigue siendo la misma que acompaña, que lucha, que proclama la esperanza sobre la muerte, la fe sobre la incredulidad, el amor sobre el odio”.

En estas jornadas se levantaron Oraciones por el pueblo cubano, por las familias, por las iglesias resistentes, valientes, proféticas, amorosas en esperanza, que elevan su plegaria ante el trágico accidente aéreo ocurrido.

“Nos unimos a las familias. Nos unimos como comunidad de amor, de fe y de esperanza en este tiempo de duelo, en especial por las familias, hermanos y hermanas de la Iglesia del Nazareno en Cuba. Por su cuerpo pastoral, por sus Iglesias, por sus líderes y su Presidente el amado hermano, Rev. Leonel López.” Expresa una comunicación de la directiva del Consejo de Iglesias de Cuba, CIC.

El día de Pentecostés sirvió al CIC, además, para alentar a cristianas y cristianos cubanos en la esperanza. “Hoy juntos seguimos atravesando el mar rojo, cruzando el desierto, enfrentando gigantes, desafiando imperios, buscando el camino, llorando juntos, sufriendo juntos pero siempre juntos y juntas mirando hacia arriba porque sabemos, que es fiel quién lo prometió: Jesús de Nazaret”.

“Unidos y Unidas en el Pentecostés del Espíritu hoy oramos y nos fortalecemos en la fe ante este trágico accidente y entre otros muchos motivos oramos también por los estudiantes y el maestro asesinados en Texas en los Estados Unidos. Por sus familias y la sociedad estadounidense. Por el pueblo Palestino, por las víctimas de la discordia y el odio. Para que la paz llegue también a sus vidas y a esa región”.

El mensaje del CIC, con motivo del Pentecostés, firmado por el Reverendo Joel Ortega Dopico, Secretario Ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba, concluye:

“Que el Padre que nos ha dado el fuego y la luz del Pentecostés nos ilumine y sostenga, nos ofrezca el calor y el consuelo de la comunidad.

Que la promesa del Hijo Jesús Cristo Señor y Salvador, cabeza de la Iglesia que vivió y vive el Pentecostés, nos levante y nos sostenga mostrándonos que hay un camino, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Que el que cree en Él, aunque esté muerto Vivirá.

Que el espíritu del Pentecostés nos llene de fuerzas para creer en la vida en medio del miedo y de la muerte, y que sople tan fuerte para que unidos y unidas continuemos la marcha”.

CIC participa en debate sobre personas apátridas

Del 6 al 9 de mayo pasados se realizó un Taller de capacitación regional con el tema “Apatridia en el contexto del Caribe: prevención, reducción y protección”, en la ciudad de Willemstad, Curazao, donde participó el Consejo de Iglesias de Cuba, CIC, representado por su Secretario Ejecutivo, Reverendo Joel Ortega Dopico.

Cerca de 30 participantes de la región del Caribe, incluidos Barbados, Curazao, Bahamas, Cuba, República Dominicana, Haití, Jamaica y Surinam, así como de América del Norte, se reunieron con expertos mundiales en el tema de la Apatridia, que según la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, es la cualidad atribuida a aquellas personas no unidas a ningún Estado por un vínculo de nacionalidad.

Los representantes de iglesias de la región, reunidos en la Iglesia Protestante Unida en Curazao, debatieron sobre la cuestión de la Apatridia, sus implicaciones en los medios de subsistencia de las personas, las familias y las comunidades, y las posibles vías de colaboración ecuménica para abordar este desafío que afecta las vidas de millones en todo el mundo.

“El Consejo de Misión de América del Norte y el Caribe (CANACOM) durante muchos años ha trabajado para interpretar la misión de manera que conduzca a la justicia y la paz”, dijo Jennifer Martin, Secretaria de Educación en Misión de CANACOM y Co Moderadora del Grupo de Referencia del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) para la Peregrinación de Justicia y Paz.

“Nuestras prioridades de misión se adaptan con bastante facilidad a los objetivos de la Peregrinación de Justicia y Paz del CMI”, expresó.

Los participantes del taller discutieron sobre la enorme brecha entre la ley y la práctica relacionada con la Apatridia, una situación que fue bastante conmovedora, dijo la Reverenda Karin Van den Broeke, moderadora del Sínodo General de la Iglesia Protestante en los Países Bajos y miembro del Comité Central del CMI.

“La nacionalidad es un derecho humano, pero existen numerosos caminos hacia la Apatridia”, dijo. “Las iglesias tienen la oportunidad de mapear personas apátridas, apoyarlas y prevenir nuevos casos de Apatridia”.

La Iglesia Protestante Unida en Curazao expresó su aprecio por organizar el taller. “Estamos agradecidos de que la familia ecuménica mundial haya elegido a nuestra iglesia como el lugar para deliberar sobre la cuestión de la Apatridia, un desafío para muchas personas y comunidades en la región y en todo el mundo”, dijo el hermano Ralph James, presidente de los Protestantes Unidos. Iglesia en Curazao.

Nicolás Sosa, que se desempeña como comisionado de la Comisión Asuntos Internacionales del CMI, dijo que, como descendiente de migrantes de tercera generación, se sintió vulnerable de repente porque esta situación podría pasarle fácilmente si su gobierno adoptara una ley de nacionalidad discriminatoria. “Por lo tanto, es responsabilidad de todos hablar en nombre de las personas apátridas a quienes se les ha dicho que no pertenecen a ningún lado”, dijo.

Semegnish Asfaw, Ejecutivo de Programas del Consejo Mundial de Iglesias, agregó: “Las iglesias tienen la oportunidad de desempeñar un papel importante al decir la verdad y poder desafiar las estructuras y políticas injustas que causan la Apatridia, así como al hablar en nombre de estas personas marginadas y legalmente invisibles.

Con información publicada por el Consejo Mundial de Iglesias

Iglesia del Nazareno. Pierden la vida 10 parejas pastorales. Listado de los hermanos fallecidos

Comunicado oficial de la Iglesia del Nazareno con motivo al fatídico accidente aéreo del pasado 18 de mayo, donde perdieron la vida 20 miembros de esta iglesia.

Comunicamos oficialmente a todos nuestros hermanos y amigos, que queda confirmada definitivamente, la cifra de 10 parejas pastorales de nuestro distrito Cuba Este, fallecidas en el triste accidente de avión ocurrido el pasado 18 de mayo de 2018.

Todos estos pastores servían en el ministerio en la Provincia de Holguín y regresaban a casa después de participar en una Conferencia Nacional para pastores y esposas de nuestra denominación.

Quedaron sin sus padres 8 niños y 2 adolescentes, todos entre 7 y 15 años. De todos, solo una niña, y hay otros hijos mayores de estas edades.

Agradecemos sus oraciones y ayudas a estas familias embargadas por la tribulación y angustia de esta tragedia.

Matrimonios

  1. Mirza Rodriguez Rondón y Juan Luis Vega Velázquez
  2. Luis Manuel Rojas Pérez y Maricela Peña
  3. Norma Suárez Niles y Jesús Manuel García Oberto
  4. María Virgen Filandez Rojas y Rafael Vega Velázquez
  5. Ronni Alain Pupo Pupo y Yurisel Milagros Miranda Mulet
  6. Eloy Ortiz Abad y Elva María Mosqueda Legrá
  7. Juan Carlos Nogueras Leyva y Noelbis Hernández Guerrero
  8. Gelover Martín Pérez Avalo y Yoneisi Cordovez Rodríguez (pastora y Tesorera de distrito)
  9. Manuel David Aguilar Saavedra y María Salomé Sánchez Arévalo (Secretaria de distrito)
  10. Grisell Filandes Clark y Lorenzo Boch Bring

Rev. Leonel J. López Ortiz
Presidente Nacional,
Iglesia del Nazareno Cubana.

Unidos en el dolor

La Habana, CIC- El Consejo de Iglesias de Cuba se une al sentir de dolor de familiares y amistades de las víctimas en el accidente de aviación ocurrido este 18 de mayo, cuando un Boeing 737-200 arrendado por Cubana de Aviación y 104 pasajeros a bordo se precipitó a tierra entre el aeropuerto José Martí y Santiago de Las Vegas.

Como todo el pueblo de Cuba, nuestro Consejo de Iglesias lamenta hoy profundamente las pérdidas de vidas humanas y pide oración por los tres sobrevivientes que se encuentran en estado crítico de salud y ya han sido hospitalizados.

En el vuelo, que cubría el recorrido desde La Habana a Holguín, viajaban 20 miembros de la Iglesia  del Nazareno que se encontraban desde el pasado 15 de mayo en el Seminario Teológico del Nazareno, en esta capital, desarrollando un importante cónclave denominacional.

Homenaje a las madres

Con un momento de reflexión bíblica en el libro de los Salmos inició el homenaje y reconocimiento del Consejo de Iglesias de Cuba, CIC, a sus madres trabajadoras con motivo al día de las madres, fecha que se celebra en Cuba cada segundo domingo de mayo.

En un espacio de confraternidad, funcionarios y trabajadores del CIC brindaron su agasajo a la madre más anciana de la institución, la hermana Pérsida Leyva, Financista del Consejo, a la madre más joven, Indira Herrera, Asistente del Área de Formación y Estudios y a aquellas con la mayor cantidad de hijos, de las madres presentes en el intercambio.

El Presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, Reverendo Antonio Santana Hernández, leyó el salmo 139, desde el versículo 13, agradeciendo a Dios también, en la obra creadora humana donde las madres y mujeres son protagonistas.

Esta acción fraterna se suma a las actividades que viene realizando el Consejo de Iglesias de Cuba para saludar la jornada de las madres y que el pasado domingo 6 de mayo también abordara el tema, en el programa radial “El evangelio en Marcha”.

Iglesia-comunidad. Consideraciones acerca de las bases bíblicas y eclesiológicas de la Diaconía

Para llevar adelante su misión en el mundo, las iglesias desarrollan diversas funciones que han marcado su identidad a lo largo de la historia. En términos teológicos, estas funciones se identifican como: evangelización, mayordomía, diaconía, koinonía, enseñanza (didajé), proclamación (kerigma) y liturgia.

Para designar la función a la que son llamados en la Iglesia los creyentes en Cristo, el Nuevo Testamento usa la mayoría de las veces el término diaconía, que significa servicio, aunque en la Biblia tiene tantos significados secundarios que lo mejor es no traducirlo con palabras del lenguaje corriente. La diaconía cristiana, sin embargo, no debe confundirse con la filantropía; tiene su propia dinámica y su propia ley, la cual debe llevar a verdadera comunión en el dolor y a auténtico desprendimiento de nosotros mismos.

Los diversos servicios, funciones y tareas se designan en la iglesia con el nombre genérico de Ministerio, que es la traducción más o menos técnica que se le da a diaconía. Se puede decir que las primeras comunidades se sintieron libres para producir, bajo el impulso del Espíritu, los ministerios que en cada caso juzgaron convenientes, dadas las necesidades que se iban presentando. Por otra parte, es el Espíritu el que establece la organización, porque es él quien mueve en todos los aspectos a la comunidad. Se adopta lo que se cree adecuado para servir en el aquí y ahora a la causa de Jesús, y de este modo es el Señor quien edifica su iglesia.

Ahora bien, todos los dones, que han sido repartidos gratuitamente por el Espíritu de Dios, están siempre bajo el signo del servicio, de la diaconía (1 Cor 12,5; Rom 12,6-7; 1 Pe 4,11). Y en este sentido, todo miembro de la comunidad tiene que ejercer, eventualmente, el servicio de la diaconía.

Cuando Pablo escribe «los servicios o ministerios son variados, aunque el Señor es el mismo» (1 Cor 12,5), el significado de diaconía queda casi identificado con el de carisma.

El nuevo sacerdocio, tal como lo entiende Pablo, no puede ser un servicio cultual aislado y separado de la vida; por el contrario, es un servicio totalmente entrañado en la vida. En la definición paulina del sacerdocio vuelve a aparecer el aspecto esencial de servicio (Cf. Rom 12, 1).

También es preciso notar que, no siendo la comunidad cristiana un grupo dedicado al culto, ni los servicios ni las personas que los ejercen tienen un carácter sacral o religioso especial. A los ojos de las personas que los contemplan, los apóstoles son tan laicos como Jesús mismo. En la raíz de este hecho está el concepto cristiano de culto como cumplimiento de la voluntad del Dios solidario con los seres humanos y no como ritos ceremoniales ejercidos en lugares sagrados (Cf. Rom 12, 1).

En el libro de Hechos de los Apóstoles y en el corpus paulino se insiste en establecer la relación entre la proclamación del evangelio y la diaconía (cf. Hch 6.4; 20,24; 21). Y aquí diaconía significa muchas veces un servicio concreto prestado a determinada persona (cf. 2 Tm 1,8); designa particularmente el servicio de garantizar el alimento, la sobrevivencia, o el “servicio a la mesa” (cf. Hch 6,2). También contribución financiera a favor de personas necesitadas, cuyo ejemplo clásico es la colecta hecha por Pablo a favor de la Iglesia de Jerusalén (cf. 2 Co 8,19; Rm 15,25). Posteriormente el término pasó a designar un oficio particular en la comunidad, un ministerio específico, un carisma al lado del don de profecía, o de enseñanza, o de exhortación. Se llega entonces a hablar del diácono y de la diaconisa como figuras ministeriales particulares de la iglesia, como vemos reflejado en la epístola a Timoteo (cf. 1 Tm 3,8s).

En términos bíblicos la diaconía, o sea, el servicio, no es sólo una parte de la actividad de la iglesia. La diaconía es lo que identifica a la iglesia. Por eso toda la tarea de dedicación al evangelio es diaconía, desde la misión, la proclamación, hasta la edificación y el cuidado pastoral de la comunidad. Quien se entrega a la proclamación del evangelio es diácono o diaconisa, siervo o sierva. Por eso no existe en la iglesia evangelización de un lado y diaconía del otro. Todo en la iglesia es diaconía, desde el culto, hasta el compromiso social. Y la vida litúrgica solamente será diaconal y tendrá sentido, si prepara a la comunidad para el servicio en la sociedad.

El ministerio vivido y entendido como diaconía presupone por parte de aquel a quien Dios llama a su servicio una conversión profunda. Tiene que vivir despreocupado de sí y convertirse constantemente a Cristo, al único Señor del mundo y a la única fuente de todo servicio: «Fue él quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, con el fin de equipar a los consagrados para la tarea del servicio y construir el cuerpo de Cristo» (Ef 4,11).

En las primeras comunidades se da una importancia primordial a los miembros que poseen unas cualidades personales (carismas) que, puestas al servicio de la comunidad, son interpretadas por ésta como dones gratuitos de Dios a su iglesia. Apóstoles, profetas, doctores, evangelistas, etc., que no son actividades directamente dirigentes ni tienen poder de jurisdicción, conforman una iglesia de condición carismática. (Cf. Ef 4, 11).

La palabra «iglesia» es, por su distinta aplicación en el curso de los siglos, un término ambiguo y complicado. En las lenguas romances (español, francés, italiano) se ha mantenido la dependencia directa de la palabra griega usada en el Nuevo Testamento, «ekklesia», que designa la sesión actual de una asamblea del pueblo libre.

Pero lo decisivo del concepto ekklesia no es su etimología griega, sino el ser la traducción del hebreo «kahal» (asamblea convocada), palabra que viene esencialmente determinada al añadirle «del Señor». No es iglesia el que algunos se reúnan en libertad, sino el grupo que lo hace teniendo al Dios de Jesús como convocante y centro de la reunión. Las palabras reunión, congregación, comunidad, asamblea o fraternidad no son antagónicas, sino que completan la traducción de un término tan denso como lo es iglesia.

Desde el punto de vista eclesiológico, nos parece que el término comunidad es el que mejor define a las iglesias en su dinámica de servicio diaconal. Por eso, utilizaremos el concepto de iglesia-comunidad para distinguirla de la Iglesia entendida como institución. En esta perspectiva, asumimos que Iglesia-Comunidad es, tal como nos enseña el Nuevo Testamento, como un cuerpo formado por muchos miembros, cuya cabeza es Cristo, “de quien todo el cuerpo,  bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,  según la actividad propia de cada miembro,  recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Ef. 4, 16).

En la iglesia-comunidad las relaciones intra y extra comunitarias prevalecen sobre las formas institucionales de organización. Justamente, en términos de organización la iglesia-comunidad articula, de forma colegiada, los servicios internos con sus distintas funciones, elige su equipo de coordinación, elabora una conciencia crítica sobre las necesidades y problemas tanto al interior como al exterior y democráticamente busca soluciones comunitarias. Por consiguiente, como es de suponer, no hace una separación estructural entre ministros y laicos, sino que entiende a estos últimos como sujetos de la acción eclesial en comunión con el resto de los agentes comunitarios.

En cuanto a la misión, la iglesia-comunidad se halla fuertemente comprometida con la transformación del mundo circundante y establece alianzas y relaciones de cooperación con los diversos agentes presentes en el entorno comunitario, entiéndase organizaciones y asociaciones gubernamentales y no gubernamentales. En este sentido, la vocación ecuménica resulta fundamental para la existencia y la acción de la iglesia-comunidad, no sólo en la perspectiva interdenominacional, sino también en el abordaje intersectorial de las necesidades de la comunidad circundante. Y lo es esencialmente porque la iglesia no está llamada a verse a sí misma como “la” comunidad dentro de la comunidad circundante, sino como uno de los tantos agentes intracomunitarios que han de concertar sus esfuerzos y recursos para bien de la comunidad mayor.

Es precisamente aquí donde puede notarse la relación recíproca que existe entre la diaconía y la koinonía, pues el objetivo de la primera es crear koinonía, es decir, unidad, comunión, solidaridad. Y a la vez la koinonía se convierte en el escenario propicio para una diaconía eficiente y eficaz. De manera que puede decirse que la vocación de la iglesia-comunidad es ser signo profético de liberación, solidaridad y transformación. Y solidaridad y transformación no tienen nada que ver con caridad o asistencialismo, que muchas veces crea un sentimiento de inferioridad. Solidaridad y transformación significa enfrentar las realidades humanas, significa reaccionar ante las injusticias y el sufrimiento humano, es dignificar la vida; es ser instrumentos de paz en medio de la violencia que amenaza con terminar las relaciones de fraternidad interhumanas; es ser fermento de esperanza, cuando se quiere matar todas las esperanzas.

A propósito de lo anterior, antes de terminar quisiéramos hacer una última consideración acerca de la iglesia-comunidad. Se trata de que el hecho de estar involucrada y comprometida con la comunidad circundante como expresión de su labor diacónica, no debe hacer a la iglesia olvidar que el mensaje central de Jesús fue el reinado de Dios, y que también lo fue, con fórmulas distintas, de la proclamación de los apóstoles. Por lo tanto, si bien no es lícito identificar a la iglesia con el reino, sí es preciso estar conscientes de que la iglesia está al servicio del reino. Ello implica que el mensaje de la iglesia tiene una dimensión inmanente y una dimensión trascendente. Entonces, es su misión hacer visibles los valores de justicia, paz, solidaridad y amor del reinado de Dios en el aquí y el ahora de la comunidad circundante, pero a la vez proclamar que la plenitud del reino no se alcanza en el aquí y el ahora, sino que se consuma escatológicamente en la venida gloriosa de Jesucristo.

Un proyecto de propiedad comunal

La primera comunidad de fe de la cual tenemos noticia en el Nuevo Testamento después de la resurrección y ascensión de Jesús es la de Jerusalén (Hch 2). A juzgar por lo relatado en Hch 2,42-47, esta comunidad se organizó sobre la base de la unidad y la propiedad comunal. Ello se demuestra en que:

  • Perseveraban en la enseñanza (didajé) de los apóstoles (v. 42a). La enseñanza de los apóstoles se refiere aquí al evangelio mismo, o sea, a “todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio” (Hch 1, 1). Pero además debe tenerse presente que los apóstoles fueron testigos de la resurrección de Jesús, y esta experiencia constituye el núcleo fundamental de su anuncio y enseñanza, sobre la cual se funda a su vez la vida y la identidad de la comunidad cristiana.
  • Perseveraban en la comunión (koinonía) unos con otros (v. 42b). Comunión significa, ante todo, una manera de vivir en comunidad. Además del hecho de que los creyentes estaban “unánimes juntos” (Hch 2, 1. Cf. v. 44a), se destaca otro aspecto no menos importante: “y tenían en común todas las cosas” (v. 44b). Y esto era así porque “vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (v.45). De manera resumida, este estilo de vida comunitaria puede expresarse del modo siguiente:

Cada cual daba según su posibilidad;

cada cual recibía según su necesidad;

no había ningún necesitado entre ellos.

  • Eran perseverantes en el partimiento del pan (la Santa Cena) y en las oraciones (v. 42c). En las comunidades primitivas la Santa Cena se celebraba como parte de una comida en común (cf. Lc 22,14-20; 24,28-31; 1 Co 10,16-17; 11,17-32). Era una comida con Jesús resucitado, donde se participaba en la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo y se celebraba la llegada del Reino.

Sin embargo, ese estilo de vida en comunidad no estaría completo sin aquella dimensión pública de la fe que se demuestra en las acciones de servicio para con los de fuera de la comunidad, es decir, todos aquellos habitantes de Jerusalén que les rodeaban. Entonces, desde esta perspectiva, podríamos también definir la iglesia como la comunidad que sirve. De ahí que el texto termine haciendo énfasis en que aquellos creyentes tenían “el favor de todo el pueblo” (v. 47b). Justamente ese testimonio en el que se conjugan la comunión y el servicio posee en sí mismo un profundo impacto evangelístico, lo cual repercute en el crecimiento de la comunidad: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (v. 47c).

Por Rolando Verdecia. Vice-coordinador Pastoral de Personas con Discapacidad del Consejo de Iglesias de Cuba

Agua potable para la comunidad

El “Proyecto del Agua”, como es conocido el Sistema de Purificación y Distribución de Agua Purificada del Consejo de Iglesias de Cuba, recibió una visita de comprobación por parte de directivos del Ministerio “Living Waters for the World” (LWW), organización internacional que proporciona agua potable de manera sostenible y fomenta las relaciones a largo plazo y mutuamente beneficiosas entre los voluntarios y las comunidades necesitadas.

En la sede de la institución ecuménica, los directivos de  LWW pudieron comprobar el estado técnico de los equipos destinados a la desinfección y las condiciones del reparto de agua. Además se informó que se beneficia un promedio de 900 personas semanalmente, con el procesamiento de alrededor de 8 mil litros en igual período.

Los Rev. Antonio Santana y Joel Ortega Dopico, Presidente y Secretario Ejecutivo del CIC respectivamente, agradecieron a este Ministerio la posibilidad de ofrecer este servicio de tanta aceptación y utilidad, tanto para los trabajadores de la institución como para toda la comunidad circundante.