“La última vez que cerré la puerta de mi casa”

“La última vez que cerré la puerta de mi casa”

En el mismo centro de Punta Alegre, la casa de un matrimonio fue derrumbada totalmente por el huracán. Les quedó en pie las paredes de la cocina, que habían hecho nueva, y del comedor que ahora utilizan como cuarto, que tuvieron que volver a techar. Aunque a punto de jubilarse, ambos trabajan con una ganancia que apenas les alcanza para pagar las deudas por los materiales de construcción anteriores, sin imaginar cómo harán para asumir los necesarios de la titánica labor de recosntruir su casa.

Julio trabaja como operador en el acueducto y ella en la biblioteca de una escuela cercana. El día del ciclón él estaba de guardia en su centro de trabajo. Ella fue la que se quedó encargada de guardar y cerrarlo todo en la casa. Un tiempo atrás una explosión en la mina de yeso cercana había resentido las vigas principales del techo, por lo que ya presentía que algo malo podía suceder.  Recuerda el fatídico día con una mezcla de angustia, rencor y tristeza, en especial el momento en que salió por última vez de su casa, caminó hasta la puerta y la cerró, despidiéndose en silencio de su querido espacio familiar.

Ahora, ya pasado un tiempo,  ponen su mayor esperanza en el pequeño negocio familiar de venta de alimentos ligeros que él maneja desde hace algún tiempo, pero que actualmente no hace porque la mayoría de los útiles necesarios se fueron con la fuerza del mar y de los vientos, junto con sus muebles, pertenencias y recuerdos; esas cosas de las que prefieren no hablar.

Él sabe cómo hacer tabletas de maní y ajonjolí, refrescos, granizado, jugos, rositas de maíz, algodón de azúcar y pequeñas golosinas que guarda en un carrito con el que solía a venderlas. Se le oye decir que no ve la hora de volver a salir, de trabajar desde bien temprano en la mañana hasta que se pone la tarde, para poder tener una entrada económica extra que le permita enfrentar la construcción de su casa. Por eso agradece la posibilidad de un proyecto como este que el CIC acerca a personas que, como él y su familia, quedaron severamente afectados por el fenómeno meteorológico.

El proyecto además de apoyarlo en recuperar los implementos para recomenzar su negocio, le ha dado a Julio otras oportunidades de sentirse útil, como la de convertirse en un promotor en el tema de agua, higiene y saneamiento, con un curso que le refrescó conocimientos y le permite colaborar con la comunidad. Ellos, con espíritu emprendedor, agradecen y esperan, sabiendo que es fuerte lo que tienen por delante, pero confiados en poder tener otra vez su casa, con una nueva puerta que abrir cada día.

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Comunicaciones CIC administrator

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