Consejo de Iglesias de Cuba se une a la Jornada contra la violencia hacia las mujeres y las niñas

Consejo de Iglesias de Cuba se une a la Jornada contra la violencia hacia las mujeres y las niñas

Organizado por la Oficina  de Comunicaciones del Consejo de Iglesias de Cuba y el Programa de Género del área de Formación y Estudios de la institución cubana, tuvo lugar un encuentro de mujeres cristianas a favor de la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres y las niñas, en este, el día internacional de la causa.

Alrededor de setenta profesantes de la fe cristiana, en su mayoría mujeres, participaron en el encuentro que reflexionó sobre la violencia simbólica difundida a través de los medios de comunicación masiva y donde se compartieron estadísticas del comportamiento en Cuba del fenómeno de la violencia de género.

Con la presencia de la Dra. en Psicología, Patricia Arés, los presentes compartieron la importancia de desnaturalizar las prácticas y prejuicios que perpetúan la violencia de género y realizaron un llamado a desocultar la violencia estructural presente en la sociedad cubana.

Si bien se analizó que en Cuba el empoderamiento femenino en espacios profesionales es mayor que en otras regiones de Latinoamérica, la ideología patriarcal aun condiciona las dinámicas de relacionamiento en la sociedad.

Además se evidenció que persisten problemas con los mecanismos para amparar legalmente a las víctimas de la violencia, a pesar de los esfuerzos que realiza el país para canalizar la respuesta a esta problemática. Otro apartado tuvo que ver con las transformaciones que vive hoy la sociedad cubana, inmersa en un proceso de cambios en su sistema económico.

Según la Dra. Arés, la dinámica violenta y maltratadora se manifiesta en situaciones de desigualdad como las que poco a poco van emergiendo en la Cuba de hoy. Al hecho del empoderamiento de la mujer en nuestra sociedad, desde 1959, lo que para algunos hombres machistas ha significado una amenaza a su poder patriarcal, se suman fenómenos actuales como la influencia de la dualidad monetaria que provoca en muchos casos la violencia económica, existiendo en la pareja desigualdades marcadas en cuanto a los ingresos.

Sobre el papel que pueden jugar las iglesias y comunidades de fe también se dialogó, percibiendo como un ejemplo concreto esta actividad organizada por el CIC a la que la especialista definió como la siembra de una pequeña semilla que permitirá en lo adelante agilizar el proceso de socialización para acabar con el flagelo de la violencia.

Según sus palabras el reto más grande que tiene la sociedad es visibilizar la violencia. Cuando esto ocurre, no hay reductos donde esconder las actitudes violentas, porque la población está educada para identificar como negativas tales prácticas a pesar del machismo imperante y el legado patriarcal.

Este es un tema de encargo social donde todos debemos implicarnos. No tanto para combatir la violencia, sino para educar en una cultura de paz y buena convivencia. En este aspecto es mucho lo que las iglesias pueden aportar.

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